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Sabor bermejo, más allá del paladar

por Leidy Peralta

Alguna vez hemos pensado ¿Qué se encuentra más allá de un plato de comida? Ya sea de algún de restaurante de alta clase o  uno de la plaza e inclusive hasta del plato favorito que nos prepara mamá.

Sin duda alguna, esto es algo que encontramos en cada comida de nuestra bella hija del sol, en donde la música barranqueña y la pasión por la cocina, se unen para llevarnos un glorioso plato a la mesa; debido a que, cada vez que probamos un frito sudado o un dulce, se nos  hace agua la boca; y nuestros ojos se deleitan por tan majestuoso sabor.

Por ello, la cocina de nuestra ciudad tiene tantos talentos y misterios que sin duda alguna nos antojarán probar mas de un solo bocado y es ahí en ese deleite gustativo en donde nacen las historias detrás del paladar, que pueden ir desde una joven que ayuda a su abuela hasta una madre cabeza de hogar victima de la violencia; en donde vio la cocina como un punto de escape.

Historias del paladar

Tal vez, cada bocado que nos metemos a la boca; también nos llega al alma haciéndonos sentir el humilde sazón de nuestras  mujeres barranqueñas, debido a que son en su mayoría quienes se encuentran detrás de los maravillosos platos que probamos todos los días. Tal vez, si miramos más allá del panorama lleno de sabor, olor y pasión.

También, nos podemos encontrar con la historia de doña rosita; madre de dos hijos, quien vende un delicio bocachico frito cerca al llanito; su historia se basa en como encontró en la cocina una forma de escapar del panorama turbio que vivió décadas atrás, donde fue victima de la violencia.

Ante este asunto, decidió escapar de ese terrible lugar y llegar a esta bella ciudad usando las recetas que había aprendido de su madre. Al principio no fue sencillo pero poco a poco su sazón se esparció por el voz a voz  al punto en que las personas hacen fila para probar su delicioso bocachico. Ante esto sabemos que un solo bocado de este bocachico nos pone a pensar que tan exquisito sabor tenga semejante historia.

Pero esta no es la única; también esta la de Anita, quien todas las mañanas se levanta a vender fritos en el cerro con su abuela; para poder costear sus gastos mensuales y sus estudios en donde cada vez que alguien pide una empanada o un una papa rellena, ella agradece con una enorme sonrisa diciendo: “gracias por ser parte de mi bonito futuro”.

Diciendo en voz baja, que más adelante quiere estudiar ingeniería para poder darle a su abuela la casita que tanto anhela; tal vez esto es algo que por alguna razón nos hace conservar  la fe en la humanidad o en este caso en la cocina; donde cada  bocado que nosotros probamos puede estar repleto de amor, de tragedia o de un sueño por cumplir.

Tal vez, mas allá de comer por gusto; estamos probando un pedacito no solo de esta tierra tan hermosa que se llama Barrancabermeja; si no también, un apetitoso bocado para descubrir quien es esa persona que se enconde en la cocina y que nos deleita con su sazón y tradición.

Así que, la próxima vez que nos pongan un plato de comida en la mesa, pensemos en que es lo que se encuentra más allá del paladar.

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