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“Profesionalización en trabajo social para Pastores de la ciudad”

por Daniel Solano
Aclaraciones antes de empezar:
  1. Esta columna no se trata de señalar personas sino de referir acciones que generan inconformidades. No hace falta quien diga “Piri lis iccionis sin hichis pir pirsinis”, y tiene toda la razón, pero cuando se señalan personas la comunicación se asume a título personal, se activan los mecanismos de defensa, se vuelve emocional y finalmente se desdibuja la posibilidad de concertar. No es lo mismo decir – Usted es una mala persona – a decir – No estoy de acuerdo con esto o aquello que hiciste-.
  2. Dicho lo anterior y como lo he mencionado en otros espacios, tengo un profundo respeto por los líderes religiosos, ellos a mi juicio, son importantes en la construcción de una sociedad con valores.
  3. Busquemos puntos de encuentro, centrémonos en la revisión de posibilidades de solución y no nos quedemos mirando el problema. La idea es avanzar.

Ahora sí iniciemos. El pasado 11 de mayo a través de su cuenta oficial de Facebook el Instituto Universitario de la Paz informaba que avanzaba en “una propuesta de profesionalización en Trabajo Social para Pastores de la ciudad”.

La noticia generó diversas reacciones entre los ciudadanos. Desde el movimiento estudiantil, por ejemplo, la preocupación en términos de la calidad del programa, pues en la publicación dice que “se presentó la primera propuesta de malla curricular” diseñada especialmente para esta población; hasta ciudadanos del común, como yo, que manifesté mi preocupación, pues también en la publicación dice que en la reunión estuvo una representante “del Fondo Rotatorio de Capacitación y Crédito – Forcap”, fondo que maneja recursos destinados a la generación de empresas y empleo, y excúsenme lo coloquial pero ¿qué tiene que ver el caldo con las tajadas?.

La noticia no ha dejado de causar preocupación pues aún quedan varias preguntas por resolver y con el fin de no caer en la suposición, la invitación es a la reflexión, a usar los canales de comunicación formales en el marco del respeto y por supuesto a estar atentos al respecto de cómo evoluciona el tema.

La primera pregunta es ¿Cuál fue el criterio de selección para escoger a los pastores como población beneficiada de un programa de formación en el cual serán invertidos recursos públicos? En este aspecto es importante determinar, si fue una condición de población vulnerable, que la Corte Constitucional define como

“…Un proceso multidimensional que confluye en el riesgo o probabilidad del individuo, hogar o comunidad de ser herido, lesionado o dañado ante cambios o permanencia de situaciones externas o internas.” (T-701-17),

como por ejemplo condición de víctima, de pobreza, de discapacidad, entre otros; o una condición empresarial, o sea, que es una pieza clave para el sistema económico y requiere asistencia del estado, como por ejemplo las PyMes.

La segunda pregunta es ¿De dónde saldrán los recursos? En la publicación de la Unipaz se afirma que participó de la reunión una delegada del Fondo Rotatorio de Capacitación y Crédito – Forcap. Si se está considerando este fondo para invertir en la formación de pastores, hay que tener en cuenta que estos recursos no están destinados para tal fin de acuerdo a lo que estipula en el acuerdo 045 de 1999, donde se afirma que el Forcap se crea

“…con el propósito de asignar recursos rotatorios para el fomento, capacitación y crédito a las actividades empresariales de todas las áreas económicas…”.

En caso que se asuma que una institución de orden religioso funciona como una empresa, desde el principio de igualdad, equidad y justicia social, se haría necesario que como todas las empresas deberían pagar impuestos por recaudación.

La tercera y última pregunta está asociada al contexto ¿En tiempos del Covid-19 esta inversión es prioritaria? La necesidad de reactivar la economía de muchos sectores afectados se hace imperante, por esta razón toma relevancia repensar las prioridades y encausar las decisiones. Esa es mi propuesta.

Finalmente, espero mis palabras sean asumidas con esa madurez ciudadana que reconoce que en el territorio tener desacuerdos no nos hace enemigos, pero sobre todo, que la intención siempre es construir desde la concertación y el diálogo una ciudad más equitativa.

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