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La farsa de la navidad

por Ricardo Jaraba
Navidad

La época de Navidad

La navidad es el tiempo del año, en el que las personas de muchos países del mundo occidental reavivan vínculos afectivos con sus semejantes, familiares y amistades, desbordando paz y buena voluntad. Tiempo de unión, de actos solidarios, y de esperanza. Sin embargo, contrasta esto con los distanciamientos familiares, el consumismo extremo, y la ingestión de bebidas alcohólicas y comida innecesaria y desperdiciada.

Con orígenes en creencias religiosas cristianas de historias muy cuidadosamente escritas en los evangelios en los tiempos de esplendor del imperio Romano, con la guía espiritual del dios elegido, se ha convertido con el paso del tiempo en una oportunidad excepcional de una especie de amnistía en medio de una vertiginosa vida llena de sentimientos no tan santos de una sociedad cada día más decadente, donde reina el egoísmo y el desprecio de unos a otros, hasta en el interior de las familias.

Es curioso como las aguas vuelven a su cauce luego de las festividades y los abrazos. Llegan entonces los tiempos de los sentimientos reales, los que sobreviven mucho más en el resto del año, la falta de empatía hacia los demás, la injusticia y el olvido.

La navidad mediática

Los símbolos muchas veces mediáticos invaden nuestras casas, nuestras calles y barrios enteros, con arbolitos , guirnaldas , bolas de colores y pesebres de todo tipo que exaltan la conmemoración del nacimiento del salvador del mundo que llegó al mismo en no muy claras condiciones, al parecer lamentables , por allá en una tierra lejana llamada Belén.

La navidad significa comprar y recibir regalos, los centros comerciales se abarrotan de gente que se endeuda desesperadamente adquiriendo cosas en una euforia colectiva; y los comercios hacen su agosto ayudados por una vigorosa publicidad que empieza en octubre invadiendo todos los rincones de nuestras calles y medios de información. Todo porque es navidad la época en que todo es paz y amor.

Los papás se disfrazan de papá Noel, un personaje tan lejano como las tierras de los países nórdicos de donde se dice nació la leyenda, que vestido con un llamativo traje rojo y botas negras llega desde el polo norte volando en un trineo lleno de juguetes halado por alces sin alas.

Todos hemos sido engañados en nuestra infancia, por el dichoso papá Noel, el niño Dios o San Nicolás. Recuerdo el día que descubrí a mi papá colocando los regalos; aunque confieso que sospechaba que algo no cuadraba con la historia, pero yo me hacía el dormido para no estropear el acto y desenvolver los juguetes en la mañana del 25.

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En el colegio me disfrazaban de Papa Noel, quizás por lo regordete que era y creo que allí se afianzó el rechazo a esta particular época del año. Todavía está en mi memoria el traje de satín rojo, las polainas, el enorme cinturón negro y una ridícula campanita en la mano corriendo por todo el pasillo del paraninfo.

Pero hoy después de tantos años, todo toma sentido. El pensamiento muchas veces idealista, nos hace anhelar que ese espíritu de bondad que invade la navidad en la sociedad de hoy, se manifieste todo el año con valores que permitan una mejor convivencia.

Una navidad donde los presentes sean el amor

Regalemos compañía y afecto en vez de cosas materiales. Digámosle a nuestros seres queridos cuanto los amamos y cuanto agradecemos a la vida la oportunidad de tenerlos y compartir nuestro tiempo. Lo que se gasta en luces, adornos y fiestas convirtámoslo en lluvia de sentimientos auténticos sean cuales sean las creencias de cada uno.

No todos vivimos la navidad de igual forma pero es una buena oportunidad de analizar nuestros comportamientos hacia los demás y rescatar lo verdaderamente importante. Cada quien sabrá que es en su vida lo invaluable

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