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Barrancabermeja, ¿con o sin cultura vial?

por Miguel de la Ossa

En reiteradas ocasiones las personas se cuestionan sobre la urbanidad que existe en la sociedad. Dejando como resultado una serie de dudas. Que se presentan atreves de las cosas que cotidianamente realizamos y de las cuales no percibimos; Como por ejemplo el tránsito, pero no solo aquel que se realiza en medios de transportes. Como: Carros, Motos, Bicicletas, entre otros.

Si no el mismo que como seres humanos realizamos al simplemente andar. Acciones simples como: El no detenerse de manera arbitraria obstaculizando el flujo peatonal. Conservar  el sentido de orientación de los demás  hasta llegar a su punto de llegada y/o destino. Observar hacia todos los sentidos; al llegar a una intersección o de la misma manera llegar a la misma sin tener que incurrir en el cruzar la calle por en medio y no por las esquinas o zonas destinadas a este tránsito peatonal. Se hace énfasis en esta última ya que en la ciudad las personas toman por hecho que su integridad es más relevante que el conjunto de personas que están a su alrededor.

La imprudencia

Debido a esta aclaración no se deja de lado las imprudencias al volante de algunos conductores. Los cuales giran o cambian de carril sin comunicarlo por medio de sus pequeños focos de luz. O aquellos que por ahorrar un poco de trayecto devuelven sus vehículos en vías de un solo sentido. Incluso hay quienes son más brillantes, Por tomar un poco de consideración con los demás conductores y optan por subir sus vehículos a las zonas delimitadas por aquellos personajes que destinaron un poco de su tiempo para crear civilmente algo a lo que llaman “anden” y que es de uso peatonal.

Los continuos descansos en los semáforos. nos permiten apreciar por un instante el cómo ese recurso “la urbanidad” lo derrochamos en una nada.

Cegados en el tiempo

Personas que viven aprisa por su ritmo de vida que inconscientemente pueden ocasionar accidentes de un abrir y cerrar de ojos por no aguardar el instante del cual dispone el semáforo para cambiar sus colores.

Aquellos que interactúan y ponen al descubierto sus inconformidades antes sus problemas personales. Mientras hablan por sus dispositivos móviles, tomando un poco más del tiempo destinado para el receso vial y la buena circulación de la misma, Quizás esos mismos que arrojan los desechos de sus meriendas a la vía. Porque creen que su vehículo puede conservarse un poco más limpio de lo que ya podría estar.

Mientras se observan algunas conductas individuales en las personas que transitan por las calles. No se podría ser ajeno a aquellas que de manera voluntaria sobrepasan el cupo permitido para los vehículos. Esto por nombrar algunas de las  actividades que se realizan y se perciben de manera “natural”.

Si bien la ciudad ha venido creciendo en cuanto a sus habitantes y sus zonas urbanas. Dicho crecimiento se percibe de manera tangible y no de una forma sensible y critica al entorno.

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Esto demanda que las personas creen hábitos de convivencia con sus semejantes, sin recurrir a un caos cuando la ausencia de la misma llegue.

Y la pregunta clave seria: ¿Es posible que la sociedad convida consigo misma?

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